Hay momentos en los que sentimos que algo en nuestra vida no termina de encajar. Repetimos relaciones que no nos hacen bien, reaccionamos de formas que después no entendemos, tomamos decisiones que parecen ir en contra de lo que realmente queremos o simplemente sentimos que estamos viviendo una vida que no termina de parecernos nuestra.
Muchas veces intentamos cambiar directamente aquello que nos incomoda: una relación, un trabajo, una conducta, una rutina o incluso nuestra manera de pensar. Sin embargo, existe una pregunta anterior que pocas veces nos hacemos:
¿Entiendo realmente por qué hago lo que hago?
Ahí comienza el autoconocimiento.
El autoconocimiento es el proceso de observar, comprender y reconocer quién eres: cómo piensas, qué sientes, qué necesitas, qué temes, qué deseas, qué patrones repites, qué creencias condicionan tus decisiones y qué experiencias han contribuido a construir tu manera actual de relacionarte contigo mismo y con los demás.
No consiste simplemente en saber cuáles son tus gustos, tus virtudes o tus defectos. Conocerte implica comprender qué ocurre dentro de ti y desde dónde estás viviendo tu vida.
Y esa comprensión puede convertirse en el primer paso para empezar a cambiarla.
¿Qué es exactamente el autoconocimiento?
El autoconocimiento es la capacidad de observar y comprender nuestro mundo interno.
Implica prestar atención a nuestros pensamientos, emociones, necesidades, comportamientos, valores, límites, miedos, deseos y contradicciones.
Pero también implica algo más profundo: comprender el origen de muchos de ellos.
Podemos saber, por ejemplo, que nos cuesta decir que no. Eso es información sobre nosotros mismos.
El autoconocimiento comienza a profundizar cuando nos preguntamos:
¿Por qué me cuesta poner límites?
¿Qué temo que ocurra si digo que no?
¿Por qué necesito que la otra persona esté satisfecha conmigo?
¿Qué siento cuando alguien se enfada conmigo?
¿En qué momento aprendí que evitar el conflicto era más seguro que expresar lo que necesitaba?
La diferencia es importante.
Una cosa es identificar lo que haces.
Otra muy distinta es comprender desde dónde lo haces.
Por eso el autoconocimiento no consiste únicamente en analizar nuestra personalidad. Es un proceso de exploración que permite reconocer las estructuras internas desde las que interpretamos nuestra realidad y tomamos decisiones.
¿Para qué sirve el autoconocimiento?
El autoconocimiento sirve para dejar de vivir determinadas situaciones de manera completamente automática.
Cuando comprendemos mejor qué ocurre dentro de nosotros, tenemos más posibilidades de reconocer cuándo estamos reaccionando desde el miedo, la inseguridad, una necesidad de aprobación, una antigua experiencia o un patrón aprendido.
Esto no significa que conocerte haga desaparecer automáticamente tus dificultades.
Significa que empiezas a verlas.
Y aquello que podemos observar deja de ser completamente invisible.
Imagina que cada vez que alguien importante para ti tarda en responder un mensaje sientes inquietud. Quizá empiezas a pensar que has hecho algo mal, que esa persona se está alejando o que ya no tiene el mismo interés en ti.
Puedes interpretar el problema como:
“Soy demasiado inseguro.”
Pero el autoconocimiento intenta ir más allá.
¿Qué está ocurriendo realmente?
¿Por qué el silencio de otra persona tiene tanto impacto sobre ti?
¿Qué significado le estás dando?
¿Existe miedo al rechazo?
¿Necesitas sentir constantemente que todo está bien para sentirte tranquilo?
¿Has vivido anteriormente situaciones en las que sentiste abandono, distancia o incertidumbre?
El objetivo no es juzgar esa reacción.
El objetivo es comprenderla.
Porque cuando entiendes mejor lo que te ocurre, puedes empezar a relacionarte de otra manera con ello.
Conocerte no significa juzgarte
Uno de los errores más habituales cuando comenzamos un proceso de crecimiento personal es convertir el autoconocimiento en una especie de examen permanente.
“Soy demasiado inseguro.”
“Soy dependiente.”
“Soy una persona celosa.”
“No sé poner límites.”
“Siempre estropeo mis relaciones.”
“Soy demasiado sensible.”
Estas afirmaciones parecen conocimiento sobre nosotros mismos, pero muchas veces son simplemente etiquetas.
Y una etiqueta puede cerrar la conversación justo donde debería empezar.
En lugar de preguntarte:
“¿Qué me pasa?”
puede resultar mucho más útil preguntarte:
“¿Qué está ocurriendo dentro de mí para que reaccione de esta manera?”
La segunda pregunta abre un espacio diferente.
Ya no se trata de decidir si eres bueno o malo, fuerte o débil, seguro o inseguro.
Se trata de comprender.
El autoconocimiento necesita curiosidad.
Observarte sin convertir todo lo que descubres en un motivo para castigarte.
¿Por qué nos conocemos menos de lo que creemos?
Pasamos toda nuestra vida con nosotros mismos y, aun así, podemos desconocer muchas de las razones que están detrás de nuestras decisiones.
Esto ocurre porque una gran parte de nuestra forma de funcionar se ha ido construyendo progresivamente.
Nuestra familia, nuestras experiencias, las relaciones que hemos tenido, los mensajes que recibimos durante la infancia, nuestras pérdidas, nuestros éxitos, nuestros fracasos y la cultura en la que vivimos participan de alguna manera en la construcción de nuestra visión del mundo.
A lo largo del tiempo vamos aprendiendo determinadas formas de protegernos, relacionarnos o conseguir afecto.
Quizá aprendiste que para recibir reconocimiento debías hacerlo todo perfectamente.
Quizá descubriste que expresar tus emociones generaba conflictos y comenzaste a ocultarlas.
Quizá sentiste que tenías que cuidar constantemente de los demás.
Quizá aprendiste a evitar cualquier situación en la que pudieras sentir rechazo.
Quizá interiorizaste que pedir ayuda era una señal de debilidad.
Muchas de estas formas de actuar pudieron tener sentido en algún momento de nuestra historia.
El problema aparece cuando seguimos utilizándolas automáticamente años después, incluso cuando ya no nos ayudan.
El papel de las creencias en nuestra manera de vivir
No reaccionamos solamente ante lo que ocurre.
También reaccionamos ante lo que creemos que significa aquello que ocurre.
Dos personas pueden vivir exactamente la misma situación y experimentarla de maneras completamente diferentes.
Una crítica en el trabajo puede ser interpretada por alguien como una oportunidad para mejorar.
Otra persona puede sentirla como una confirmación de que nunca es suficientemente buena.
El acontecimiento externo puede ser parecido.
La interpretación interna es diferente.
Detrás de muchas de estas interpretaciones existen creencias que hemos ido desarrollando sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre cómo funciona el mundo.
“No soy suficiente.”
“Si decepciono a alguien, dejará de quererme.”
“Tengo que hacerlo todo bien.”
“No puedo confiar en nadie.”
“Si muestro vulnerabilidad, pueden hacerme daño.”
“Necesito tenerlo todo bajo control.”
“Tengo que ocuparme de los demás antes que de mí.”
Estas creencias no siempre aparecen formuladas claramente en nuestra mente. Muchas veces se manifiestan a través de decisiones, emociones y comportamientos.
Por eso una parte importante del autoconocimiento consiste en identificar las creencias desde las que estamos viviendo.
Autoconocimiento y patrones de comportamiento
Hay una frase que aparece con frecuencia cuando una persona comienza a observarse:
“No entiendo por qué siempre me pasa lo mismo.”
Cambian las personas.
Cambian los lugares.
Cambian las circunstancias.
Pero algunas situaciones parecen repetirse.
El mismo tipo de relación.
El mismo miedo.
La misma necesidad de aprobación.
La misma dificultad para poner límites.
El mismo sentimiento de no ser suficiente.
La misma tendencia a abandonar algo cuando comienza a funcionar.
El mismo conflicto con determinadas figuras.
Cuando una situación se repite constantemente, puede ser útil dejar de mirar únicamente lo que ocurre fuera y comenzar a observar qué parte de nosotros participa en ese patrón.
No para asumir que somos responsables de todo lo que nos sucede.
Sino para descubrir qué elementos sí dependen de nosotros.
Porque aquello que depende de nosotros es precisamente aquello sobre lo que tenemos capacidad de trabajar.
¿Cómo influyen nuestras experiencias pasadas?
Nuestra historia no determina inevitablemente quién vamos a ser, pero puede ayudarnos a comprender por qué reaccionamos de determinadas maneras.
Las experiencias que vivimos, especialmente aquellas que tuvieron un fuerte impacto emocional, pueden influir en nuestra percepción de las relaciones, la seguridad, el conflicto, el fracaso, el afecto o nuestra propia valía.
Por ejemplo, alguien que durante años sintió que tenía que demostrar constantemente su valor podría convertirse en un adulto extremadamente exigente consigo mismo.
Puede ser una persona responsable, trabajadora y aparentemente segura.
Sin embargo, detrás de esa exigencia puede existir una pregunta silenciosa:
“¿Qué ocurriría si dejara de demostrar constantemente que valgo?”
El autoconocimiento permite empezar a descubrir esas conexiones.
No para vivir permanentemente mirando hacia atrás.
Sino para comprender mejor el presente.
El autoconocimiento también implica reconocer tus emociones
Muchas personas pueden explicar perfectamente lo que piensan, pero encuentran dificultades cuando intentan identificar lo que sienten.
Decimos:
“Estoy bien.”
“Estoy mal.”
“Estoy estresado.”
“Estoy cansado.”
Pero debajo de esas palabras pueden existir emociones mucho más concretas.
Miedo.
Rabia.
Tristeza.
Vergüenza.
Culpa.
Frustración.
Soledad.
Impotencia.
Alegría.
Ilusión.
Alivio.
Comprender nuestro mundo emocional no significa vivir dominados por las emociones.
Significa aprender a escucharlas.
Una emoción puede aportar información sobre lo que estamos experimentando, sobre una necesidad que no estamos atendiendo o sobre algo que ha adquirido un significado importante para nosotros.
Preguntarnos “¿qué estoy sintiendo?” puede parecer sencillo.
Sin embargo, responder con profundidad puede abrir una enorme puerta hacia el autoconocimiento.
Saber lo que necesitas también forma parte de conocerte
Nos enseñan muchas cosas a lo largo de nuestra vida.
Pero pocas veces nos enseñan a preguntarnos:
¿Qué necesito?
No qué esperan los demás de mí.
No qué debería estar haciendo según mi edad.
No qué quedaría mejor.
No qué sería más aceptado.
¿Qué necesito yo?
Descanso.
Espacio.
Afecto.
Seguridad.
Cambio.
Autonomía.
Reconocimiento.
Libertad.
Conexión.
Expresar algo.
Cerrar una etapa.
Empezar otra.
Cuando ignoramos durante mucho tiempo nuestras necesidades, podemos terminar viviendo desconectados de nosotros mismos.
Y entonces aparece una sensación difícil de explicar:
“En teoría todo está bien, pero yo no estoy bien.”
El autoconocimiento también consiste en recuperar esa capacidad de escucharnos.
¿Por qué el autoconocimiento puede cambiar tu vida?
Porque resulta muy difícil cambiar conscientemente aquello que no podemos reconocer.
Si no identificas que buscas constantemente aprobación, probablemente seguirás tomando decisiones condicionadas por la opinión de los demás.
Si no reconoces que tienes miedo al rechazo, quizás interpretarás muchas situaciones desde ese miedo.
Si no sabes que determinadas experiencias activan una herida antigua, probablemente reaccionarás ante ellas como si únicamente pertenecieran al presente.
Si no conoces tus límites, será difícil comunicarlos.
Si no sabes qué necesitas, será complicado construir una vida coherente con esas necesidades.
Y si nunca te preguntas qué deseas realmente, puedes terminar persiguiendo objetivos que ni siquiera elegiste conscientemente.
El autoconocimiento introduce una pequeña distancia entre lo que ocurre y nuestra reacción.
En esa distancia aparece una posibilidad:
elegir.
No siempre podremos controlar lo que sentimos.
No siempre podremos controlar lo que sucede.
Pero podemos desarrollar una mayor conciencia acerca de cómo nos relacionamos con ello.
Autoconocimiento no significa tener todas las respuestas
Existe otra idea que conviene desmontar.
Conocerte no significa llegar a un punto en el que comprendes absolutamente todo lo que te ocurre.
El autoconocimiento no es un destino.
Es un proceso.
Cambiamos.
Vivimos nuevas experiencias.
Entramos en nuevas relaciones.
Atravesamos pérdidas.
Descubrimos partes de nosotros que antes no habíamos necesitado mirar.
Una persona puede conocerse muy bien en determinados ámbitos y sentirse completamente perdida en otros.
Por eso el objetivo no debería ser:
“Quiero conocerme perfectamente.”
Quizá una pregunta más realista sería:
“¿Quiero aprender a observarme con más conciencia?”
Ahí comienza un proceso mucho más interesante.
Señales de que puede ser útil profundizar en tu autoconocimiento
No existe un momento concreto en el que una persona “deba” comenzar un proceso de crecimiento personal. Sin embargo, algunas situaciones pueden invitarnos a mirar hacia dentro:
Repetir constantemente relaciones o situaciones parecidas que terminan generando sufrimiento.
Sentir que necesitas continuamente la aprobación de los demás.
Tener grandes dificultades para poner límites.
No saber realmente qué quieres en determinados ámbitos de tu vida.
Sentir que estás viviendo en función de expectativas ajenas.
Reaccionar de manera muy intensa ante determinadas situaciones y no comprender por qué.
Sentir una fuerte necesidad de control.
Identificar comportamientos que quieres cambiar pero que continúas repitiendo.
Sentirte desconectado de tus emociones o necesidades.
Preguntarte con frecuencia quién eres, qué quieres o hacia dónde deseas dirigir tu vida.
Reconocer alguna de estas situaciones no significa necesariamente que exista un problema.
Puede significar simplemente que existe algo dentro de ti que merece ser observado con más atención.
¿Cómo empezar un proceso de autoconocimiento?
El primer paso puede ser mucho más sencillo de lo que parece.
Prestar atención.
Observar tus reacciones.
Preguntarte qué estás sintiendo.
Detectar qué situaciones te generan especialmente miedo, rabia, tristeza o inseguridad.
Observar qué relaciones se repiten.
Escuchar cómo te hablas cuando cometes un error.
Detectar qué comportamientos de otras personas te afectan especialmente.
Preguntarte qué necesitas cuando sientes malestar.
Observar qué decisiones tomas por deseo y cuáles tomas por miedo.
También puede resultar útil escribir.
No para intentar encontrar inmediatamente una respuesta, sino para ordenar lo que ocurre dentro de ti.
Una pregunta aparentemente sencilla como:
“¿Qué está pasando dentro de mí ahora mismo?”
puede convertirse en una poderosa práctica de observación.
Aprender a preguntarte “por qué” de otra manera
A veces utilizamos el “por qué” para atacarnos.
“¿Por qué soy así?”
“¿Por qué hago siempre lo mismo?”
“¿Por qué no puedo ser diferente?”
Esas preguntas pueden generar todavía más frustración.
Podemos sustituirlas por preguntas más abiertas:
“¿Qué necesito comprender de esta reacción?”
“¿Qué estoy intentando proteger?”
“¿Qué miedo aparece aquí?”
“¿Qué necesito y no estoy expresando?”
“¿Qué parte de esta situación me resulta familiar?”
“¿Estoy reaccionando solamente a lo que está ocurriendo ahora o también a algo que esta situación despierta en mí?”
La calidad de nuestras preguntas puede cambiar enormemente la forma en la que nos observamos.
Autoconocimiento y relaciones personales
Las relaciones son uno de los lugares donde más claramente aparecen nuestros patrones.
Podemos sentirnos muy seguros cuando estamos solos y descubrir inseguridades que desconocíamos al entrar en una relación.
Puede aparecer miedo al abandono.
Necesidad de control.
Dificultad para expresar necesidades.
Miedo al conflicto.
Dependencia de la aprobación.
Tendencia a alejarnos cuando alguien se acerca emocionalmente.
Necesidad de sentirnos imprescindibles.
Precisamente por eso las relaciones pueden convertirse en un enorme espacio de autoconocimiento.
En lugar de preguntarnos únicamente:
“¿Qué está haciendo mal la otra persona?”
también podemos preguntarnos:
“¿Qué está despertando esta relación en mí?”
Esto no significa justificar conductas dañinas de los demás ni asumir responsabilidades que no nos corresponden.
Significa utilizar nuestras relaciones como una oportunidad para comprendernos mejor.
Autoconocimiento y límites personales
Conocerte también significa saber dónde terminas tú y dónde empieza el otro.
Qué aceptas.
Qué no aceptas.
Qué necesitas.
Qué puedes ofrecer.
Qué no quieres seguir sosteniendo.
Poner límites no consiste únicamente en aprender a decir “no”.
Para poder comunicar un límite, primero necesitas reconocerlo.
Y ahí aparece de nuevo el autoconocimiento.
Una persona que ha pasado gran parte de su vida adaptándose a las necesidades ajenas puede tener dificultades incluso para identificar cuándo algo le incomoda.
Antes de aprender a expresar límites quizá tenga que aprender a escucharlos.
Autoconocimiento y propósito de vida
En determinados momentos también aparece una pregunta más profunda:
“¿Qué quiero hacer realmente con mi vida?”
No siempre tenemos una respuesta inmediata.
Y quizá tampoco necesitamos encontrar una gran misión extraordinaria.
Pero conocernos puede ayudarnos a distinguir entre los caminos que hemos elegido conscientemente y aquellos que estamos recorriendo simplemente porque parecía que era lo que debíamos hacer.
¿Qué cosas son realmente importantes para ti?
¿Qué valores quieres que estén presentes en tu vida?
¿Qué relaciones quieres construir?
¿Qué tipo de persona quieres ser?
¿Qué estás dispuesto a dejar atrás?
¿Qué cosas haces porque verdaderamente las deseas y cuáles porque necesitas cumplir expectativas?
El propósito no siempre aparece como una revelación.
A veces se va construyendo a medida que empezamos a vivir de forma más coherente con aquello que somos.
¿Se puede cambiar realmente después de conocerse mejor?
Conocerte no garantiza que cambies.
Puedes comprender perfectamente un patrón y continuar repitiéndolo.
Puedes saber que necesitas poner límites y seguir sin hacerlo.
Puedes reconocer una creencia limitante y continuar actuando desde ella.
La conciencia es una parte del proceso, no todo el proceso.
Después suele aparecer otra fase:
experimentar maneras diferentes de actuar.
Quizá expresando algo que antes callabas.
Permitiéndote decir no.
Tomando una decisión aunque exista miedo.
Dejando de buscar una respuesta inmediata de otra persona.
Aceptando que cometer un error no define tu valor.
Escuchando una necesidad antes de ignorarla.
El cambio personal suele construirse precisamente ahí: cuando la comprensión comienza a trasladarse poco a poco a nuestra manera de vivir.
¿Qué relación existe entre autoconocimiento y crecimiento personal?
El crecimiento personal no debería consistir en convertirte constantemente en una versión “mejor” de ti mismo.
Puede consistir también en conocerte lo suficiente como para dejar de luchar continuamente contra quien eres.
Hay cambios que nacen de la exigencia:
“Tengo que ser más seguro.”
“Debo dejar de sentir esto.”
“Necesito ser más productivo.”
“Debería ser diferente.”
Y existen cambios que nacen de la comprensión:
“Ahora entiendo por qué necesito controlar tanto.”
“Empiezo a reconocer cuándo aparece mi miedo al rechazo.”
“Me estoy dando cuenta de que llevo años tomando decisiones para no decepcionar a otros.”
“Estoy empezando a escuchar lo que necesito.”
La segunda mirada puede abrir una relación mucho más consciente con nosotros mismos.
¿Es posible trabajar el autoconocimiento acompañado?
Sí.
Aunque una parte fundamental del autoconocimiento es personal, un proceso de acompañamiento puede ofrecer un espacio desde el que observar aspectos de nosotros mismos que resultan difíciles de identificar sin otra perspectiva.
A veces conocemos perfectamente nuestra historia, pero no vemos los patrones que existen dentro de ella.
Otras veces comprendemos racionalmente lo que nos ocurre, pero seguimos reaccionando de la misma manera.
El acompañamiento puede ayudar a detenernos, mirar con más profundidad determinadas situaciones y formular preguntas que quizá nunca nos habíamos planteado.
Dependiendo de la persona y del enfoque utilizado, este trabajo puede explorar aspectos relacionados con emociones, patrones familiares, creencias, relaciones, límites, necesidades, experiencias pasadas o sentido vital.
El objetivo no debería ser que alguien te diga quién eres.
El objetivo es generar un espacio en el que puedas descubrirlo tú.
Preguntas frecuentes sobre autoconocimiento
¿Qué significa tener autoconocimiento?
Tener autoconocimiento significa desarrollar una mayor comprensión de tus pensamientos, emociones, necesidades, valores, comportamientos, miedos, deseos y patrones. No consiste simplemente en saber cómo eres, sino en comprender mejor por qué reaccionas y tomas determinadas decisiones.
¿Para qué sirve conocerse a uno mismo?
Conocerse mejor puede ayudarte a tomar decisiones de una manera más consciente, reconocer patrones repetitivos, identificar necesidades y límites, comprender determinadas reacciones emocionales y construir una vida más coherente contigo mismo.
¿Cómo puedo saber si me conozco realmente?
Puedes empezar preguntándote si eres capaz de identificar qué sientes, qué necesitas, qué situaciones activan determinadas reacciones, cuáles son tus principales miedos, qué patrones repites y qué valores quieres que guíen tu vida. No es necesario tener todas las respuestas: el autoconocimiento es un proceso continuo.
¿Cuál es el primer paso para conocerse mejor?
El primer paso es observarte con curiosidad. Presta atención a tus pensamientos, emociones y reacciones sin intentar juzgarlos inmediatamente. Preguntas como “¿qué estoy sintiendo?”, “¿qué necesito?” o “¿por qué esta situación me afecta tanto?” pueden ayudarte a comenzar.
¿Por qué repito patrones aunque soy consciente de ellos?
Porque comprender intelectualmente un patrón no significa que desaparezca automáticamente. Muchos comportamientos se han construido durante años y pueden estar relacionados con necesidades, miedos, creencias o formas aprendidas de protegernos. Reconocer el patrón es el primer paso; después es necesario experimentar nuevas maneras de responder.
¿Qué relación existe entre autoconocimiento y autoestima?
Son conceptos diferentes pero relacionados. El autoconocimiento implica comprender quién eres y cómo funcionas, mientras que la autoestima está vinculada a la valoración que haces de ti mismo. Conocerte mejor también puede permitirte revisar la manera en la que te juzgas y las expectativas que tienes sobre ti.
¿El autoconocimiento puede ayudarme a tomar mejores decisiones?
Puede ayudarte a tomar decisiones más conscientes. Cuando reconoces cuáles son tus valores, necesidades, miedos y motivaciones, resulta más fácil diferenciar entre una decisión nacida de lo que realmente deseas y una decisión condicionada principalmente por expectativas externas o temores.
¿Cuánto tiempo lleva conocerse a uno mismo?
No existe un tiempo determinado. El autoconocimiento no es un proceso que termine definitivamente. A medida que vivimos nuevas experiencias pueden aparecer aspectos de nosotros mismos que antes no conocíamos. Más que alcanzar un punto final, se trata de desarrollar una forma más consciente de relacionarnos con nosotros mismos.
Conocerte puede ser el comienzo de una vida más consciente
Quizá llevas tiempo intentando cambiar determinadas cosas de tu vida.
Una relación.
Una conducta.
Una forma de reaccionar.
Una sensación que aparece una y otra vez.
Tal vez el primer paso no sea obligarte a cambiar inmediatamente.
Quizá sea intentar comprender qué hay detrás.
Por qué necesitas determinadas cosas.
Qué estás intentando evitar.
Qué temes perder.
Qué experiencias siguen teniendo peso en tu presente.
Qué parte de ti necesita ser escuchada.
El autoconocimiento no consiste en encontrar todo aquello que está mal en nosotros.
Consiste en aprender a mirar hacia dentro con mayor profundidad.
Y cuando empezamos a comprender desde dónde pensamos, sentimos y actuamos, aparece una posibilidad que antes quizá no existía:
dejar de repetir automáticamente y empezar a elegir conscientemente.
Si sientes que ha llegado el momento de comprender mejor determinados patrones de tu vida, explorar tus emociones o profundizar en quién eres y qué necesitas, un proceso de acompañamiento puede ofrecerte un espacio para hacerlo.
En mis sesiones de crecimiento personal en Sevilla trabajamos desde el autoconocimiento para observar aquello que actualmente está condicionando tu manera de sentir, relacionarte y vivir.
No se trata de convertirte en otra persona.
Se trata de empezar a comprender a la persona que ya eres.